Quisiera que expresáramos nusstras viviencias beatles. Lo que sentimos al oir aquella canción o conmprar aque disco.
La forma en que han ido quedando en nuestra memoria y como han llegado a formar un todo con nuestra vida.
También, si lo deseáis, sería fantástico, discutir diferentes puntos de vista ante un mismo hecho.
Comienzo con mi encuentro, allá por 1967, con el
Magical Mistery Tour
Fue unas navidades, se acaban pues de cumplir 41 años el 22 ó 23 de Diciembre ¡Dios santo, ¿es posible?!. A la hora de la comida oí en la radio que acababa de salir a la venta un nuevo disco de Los Beatles.
Esa tarde, como de costumbre, había quedado con Virginia y como era sábado y había salido del colegio a las 12,30 sabía que, cosa rara, no tenía ningún castigo que cumplir por lo que a las 17,30 salía del metro en la estación de “Menéndez Pelayo” y tras recorrer unas pocas manzanas estaba en su portal esperándola.
Un corto paseo, bien agarraditos, hasta la Av. del Mediterraneo donde cogimos el autobús 20 hasta la Puerta del Sol y allí al lado, entramos en El Corte Inglés donde pedí el disco y sin oírlo siquiera (¿para qué?) y sin verlo tampoco, me lo introdujeron en una bolsa, pagué (un pastón para mi siempre maltrecha economía), ladrones pensé, y sin más salimos.
Ya con el disco en la mano cogimos el 51 hacia mi casa. Ya estaba todo el cielo oscurecido, y digo el cielo porque Madrid en época de Navidad era y es como un inmenso Belén lleno de luces y adornos en todas la calles, de edificio a edificio, de farola a farola y de árbol a árbol..
Recuerdo perfectamente el autobús. Lleno de gente que volvía de la comprar regalos, o de la Plaza Mayor con artículos de broma, adornos para sus casas o figuritas para los nacimientos. Todos los asientos ocupados, niños que se agarraban a sus madres que a su vez se aferraban a los pasamanos para no caer en los continuos frenazos, acelerones o giros. Eso sí las sonrisas eran perennes pese a las incomodidades.
A una de las barras estaba yo con un brazo bien anclado y Virginia sujeta a mí. Dado el largo trayecto, casi de punta a punta de la linea decidimos ver la flamante compra. Ella utilizó su mano libre y yo la mía, abrimos la bolsa, sacamos el disco y empezaron las sorpresas.
¿Habéis visto la película de Disney “Aladino”?. Si es así recordareis el momento en que al genio asombrado porque Jazmine le da el sí a Jaffar, se le cae la mandíbula hasta el suelo. Pues bien, una cara parecida debimos poner al ver algo absolútamente insólito.
De entrada la portada era una maravilla, con un fondo con muchos tonos de azul plagado de preciosas estrellas, con una figuras de animales, casi mitológica en el centro,. Un ¿hipopótamo?, un conejo, un... ¿? y delante una morsa. Debajo, como en un fin de fiesta, una letras preciosas y coloridas que surgiendo de una especie de Arco Iris ponían “Magical Mistery Tour”.
Dentro un estupendo libreto lleno de fotos y dibujos. Lástima que la discográfica no se hubiera tomado la molestia de traducirlo al español porque nosotros, pese a adorar a Los Beatles estudiábamos francés.
Ya íbamos por la Plaza de la República Argentina, más o menos, cuando vimos libre un sitio y olvidándonos de la educación que nos inculcaban en casa y en los colegios, nos apresuramos a sentarnos para poder disfrutar tranquilamente de todas y cada uno de las páginas. Fuera tras el cristal totalmente empañado las luces habían desaparecido pues entrábamos en el barrio de El viso, residencial, de chalets y sin casí comercio de forma que el autobús parecía un transatlántico, solitario y lleno de gente en medio del mar.
¿Dije que era caro aquello?. Aun no había oído nada ni conocía ninguna canción pero solo lo que teníamos en las manos ya valía su precio en oro. Entonces reparamos en que los dos discos que traía eran de tres canciones cada uno... nuestras mandíbulas volvieron a rozar el suelo. ¿estábamos en marte, donde se había visto eso?.
Un par de paradas más y llegamos a la Plaza de la República del Ecuador, la mía. Nos bajamos, subimos a mi casa, nos metimos en mi cuarto y antes de quitarme el chaquetón ella ya había puesto el disco en el plato y sonaban unas alegres notas y unas voces que entonces no entendí pero luego supe que nos invitaban a un fabuloso viaje, garantizándome plena satisfacción.
El resto lo conocemos todos, especialmente a estas alturas, sonó el “Your mother...”, dimos la vuelta al disco y alucinamos con el extraño “I'm the walrus”. Cambiamos de disco y nos encantó el dulce “The fool...”, Escuchamos el que, para nosotros su primer instrumental (No conocíamos la existencia del “Cry for a shadow”), “Flying” y nos encantó y, por fin, dando la vuelta a ese último disco escuchamos el “Blue jay way”, que dada nuestra euforia llegado ese momento, no consiguió decepcionarnos.
Ahora es posible que esta historia suene a batalla del “Abuelito Cebolleta”. Todos conocemos esa música pero intentad haceros a la idea de que estais en 1967 y que acabais de comprar un disco, pero no un disco conocido de vuestros héroes sino uno nuevo del que no conocéis nada y empieza a sonar algo totalmente distinto de la música usual del pop. Sé que es dificil de lo grar pero, intentadlo. Solo así os podreis hacer una idea de nuestro estado de ánimo.
Para cuando los oimos dos o tres veces ya eran casi las 21,30 nos pusimos las chamarras, nos acercamos a la parada del 14 que iba derecho de mi casa hasta casi la suya. La acompañe hasta su portal, primero porque me apetecía y segundo porque en aquella época a ningún chico se le hubiera ocurrido no hacerlo, había que dejar a la dama a salvo en su casa. Otra vez de vuelta, esta vez solo y para las 23 estaba ya en casa de nuevo y con el tocadiscos otra vez pinchando el “Magical”.
Quizá he contado más cosas mías que del disco pero tenía que haceros sentir la atmósfera y además es que: Aquella época, unos pocos nombres de chicas (Paloma, Esther, Virginia (¡ayyyyyyy!), Mª Rosa..., ...Mª Angeles) y la música, especialmente la de Los Beatles están inevitablemente unidos. No puedo hablar de un elemento de esa ecuación sin nombrar y especialmente recordar y llenarme la cabeza de imágenes del resto.
¿Pero acaso no es esa la grandeza de nuestros amigos para los “viejos” que tuvimos la suerte de vivir aquella época aunque muchas veces quisiéramos haber nacido más tarde?. Sí sería maravilloso tener ahora 30 años pero aquellos años también fueron maravillosos y vivirlos, aunque fuera en la España de Franco, genial. Además en definitiva hay lo que hay.
Este es, escaneado el disco del que hablo y que compré en aquel lejano Diciembre de 1967. La música la conocemos todos.
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También, si lo deseáis, sería fantástico, discutir diferentes puntos de vista ante un mismo hecho.
Comienzo con mi encuentro, allá por 1967, con el
Magical Mistery Tour
Fue unas navidades, se acaban pues de cumplir 41 años el 22 ó 23 de Diciembre ¡Dios santo, ¿es posible?!. A la hora de la comida oí en la radio que acababa de salir a la venta un nuevo disco de Los Beatles.
Esa tarde, como de costumbre, había quedado con Virginia y como era sábado y había salido del colegio a las 12,30 sabía que, cosa rara, no tenía ningún castigo que cumplir por lo que a las 17,30 salía del metro en la estación de “Menéndez Pelayo” y tras recorrer unas pocas manzanas estaba en su portal esperándola.
Un corto paseo, bien agarraditos, hasta la Av. del Mediterraneo donde cogimos el autobús 20 hasta la Puerta del Sol y allí al lado, entramos en El Corte Inglés donde pedí el disco y sin oírlo siquiera (¿para qué?) y sin verlo tampoco, me lo introdujeron en una bolsa, pagué (un pastón para mi siempre maltrecha economía), ladrones pensé, y sin más salimos.
Ya con el disco en la mano cogimos el 51 hacia mi casa. Ya estaba todo el cielo oscurecido, y digo el cielo porque Madrid en época de Navidad era y es como un inmenso Belén lleno de luces y adornos en todas la calles, de edificio a edificio, de farola a farola y de árbol a árbol..
Recuerdo perfectamente el autobús. Lleno de gente que volvía de la comprar regalos, o de la Plaza Mayor con artículos de broma, adornos para sus casas o figuritas para los nacimientos. Todos los asientos ocupados, niños que se agarraban a sus madres que a su vez se aferraban a los pasamanos para no caer en los continuos frenazos, acelerones o giros. Eso sí las sonrisas eran perennes pese a las incomodidades.
A una de las barras estaba yo con un brazo bien anclado y Virginia sujeta a mí. Dado el largo trayecto, casi de punta a punta de la linea decidimos ver la flamante compra. Ella utilizó su mano libre y yo la mía, abrimos la bolsa, sacamos el disco y empezaron las sorpresas.
¿Habéis visto la película de Disney “Aladino”?. Si es así recordareis el momento en que al genio asombrado porque Jazmine le da el sí a Jaffar, se le cae la mandíbula hasta el suelo. Pues bien, una cara parecida debimos poner al ver algo absolútamente insólito.
De entrada la portada era una maravilla, con un fondo con muchos tonos de azul plagado de preciosas estrellas, con una figuras de animales, casi mitológica en el centro,. Un ¿hipopótamo?, un conejo, un... ¿? y delante una morsa. Debajo, como en un fin de fiesta, una letras preciosas y coloridas que surgiendo de una especie de Arco Iris ponían “Magical Mistery Tour”.
Dentro un estupendo libreto lleno de fotos y dibujos. Lástima que la discográfica no se hubiera tomado la molestia de traducirlo al español porque nosotros, pese a adorar a Los Beatles estudiábamos francés.
Ya íbamos por la Plaza de la República Argentina, más o menos, cuando vimos libre un sitio y olvidándonos de la educación que nos inculcaban en casa y en los colegios, nos apresuramos a sentarnos para poder disfrutar tranquilamente de todas y cada uno de las páginas. Fuera tras el cristal totalmente empañado las luces habían desaparecido pues entrábamos en el barrio de El viso, residencial, de chalets y sin casí comercio de forma que el autobús parecía un transatlántico, solitario y lleno de gente en medio del mar.
¿Dije que era caro aquello?. Aun no había oído nada ni conocía ninguna canción pero solo lo que teníamos en las manos ya valía su precio en oro. Entonces reparamos en que los dos discos que traía eran de tres canciones cada uno... nuestras mandíbulas volvieron a rozar el suelo. ¿estábamos en marte, donde se había visto eso?.
Un par de paradas más y llegamos a la Plaza de la República del Ecuador, la mía. Nos bajamos, subimos a mi casa, nos metimos en mi cuarto y antes de quitarme el chaquetón ella ya había puesto el disco en el plato y sonaban unas alegres notas y unas voces que entonces no entendí pero luego supe que nos invitaban a un fabuloso viaje, garantizándome plena satisfacción.
El resto lo conocemos todos, especialmente a estas alturas, sonó el “Your mother...”, dimos la vuelta al disco y alucinamos con el extraño “I'm the walrus”. Cambiamos de disco y nos encantó el dulce “The fool...”, Escuchamos el que, para nosotros su primer instrumental (No conocíamos la existencia del “Cry for a shadow”), “Flying” y nos encantó y, por fin, dando la vuelta a ese último disco escuchamos el “Blue jay way”, que dada nuestra euforia llegado ese momento, no consiguió decepcionarnos.
Ahora es posible que esta historia suene a batalla del “Abuelito Cebolleta”. Todos conocemos esa música pero intentad haceros a la idea de que estais en 1967 y que acabais de comprar un disco, pero no un disco conocido de vuestros héroes sino uno nuevo del que no conocéis nada y empieza a sonar algo totalmente distinto de la música usual del pop. Sé que es dificil de lo grar pero, intentadlo. Solo así os podreis hacer una idea de nuestro estado de ánimo.
Para cuando los oimos dos o tres veces ya eran casi las 21,30 nos pusimos las chamarras, nos acercamos a la parada del 14 que iba derecho de mi casa hasta casi la suya. La acompañe hasta su portal, primero porque me apetecía y segundo porque en aquella época a ningún chico se le hubiera ocurrido no hacerlo, había que dejar a la dama a salvo en su casa. Otra vez de vuelta, esta vez solo y para las 23 estaba ya en casa de nuevo y con el tocadiscos otra vez pinchando el “Magical”.
Quizá he contado más cosas mías que del disco pero tenía que haceros sentir la atmósfera y además es que: Aquella época, unos pocos nombres de chicas (Paloma, Esther, Virginia (¡ayyyyyyy!), Mª Rosa..., ...Mª Angeles) y la música, especialmente la de Los Beatles están inevitablemente unidos. No puedo hablar de un elemento de esa ecuación sin nombrar y especialmente recordar y llenarme la cabeza de imágenes del resto.
¿Pero acaso no es esa la grandeza de nuestros amigos para los “viejos” que tuvimos la suerte de vivir aquella época aunque muchas veces quisiéramos haber nacido más tarde?. Sí sería maravilloso tener ahora 30 años pero aquellos años también fueron maravillosos y vivirlos, aunque fuera en la España de Franco, genial. Además en definitiva hay lo que hay.
Este es, escaneado el disco del que hablo y que compré en aquel lejano Diciembre de 1967. La música la conocemos todos.
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Última edición por 67 el Marzo 4th 2010, 9:53 am, editado 2 veces















